[traducciones] La mujer que se identifica con la mujer

Publicado: 13 diciembre, 2011 en TRADUCCIONES
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La mujer que se identifica con la mujer

(The woman-identified woman)

Radicalesbians (1970)

Este texto es la traducción de un manifesto escrito por el movimiento lésbico de los años 70 en los Estados Unidos, leído y distribuído en un congreso del movimiento de mujeres en Nueva York. La Mujer que se Identifica con la Mujer es un marco de la ruptura del movimiento lésbico con el movimiento feminista,  y su autonomia teórica y política  en el contexto de los feminismos occidentales. Defendiendo el lesbianismo como una expresión radical y de vanguardia del feminismo,  fue redactado para denunciar la segregación y invisibilización que las lesbianas sufrían en el movimiento de mujeres, en el cual las lesbianas siempre estuvieron, pero en el cual hasta entonces, no venían siendo contempladas. El grupo que lo redactó se autotitulaba The Lavender Menace (La Amenaza Violeta), en referencia a una frase de la feminista Betty Friedan entonces presidente del National Organization for Women (NOW), donde nombró a las lesbianas como una amenaza al movimiento de mujeres. El grupo, no siendo invitado para el congreso de la NOW, lo invadió y ahí difundió el manifiesto que convoca al movimiento de mujeres a pensar y discutir  las cuestiones de las lesbianas, y a las lesbianas a  formar un movimiento independiente

traducción y revisión: produccioneslesbofeministas. 

descargue el pdf: La mujer que se identifica con la mujer, RadicaLesbians.


Qué es una lesbiana? Una lesbiana es la rabia de todas las mujeres condensada hasta el punto de la explosión. Ella es la mujer que, muchas veces, a una edad muy temprana, empieza a actuar de acuerdo a su necesidad compulsiva de ser una ser humana más completa y libre, y que -quizas más tarde- la sociedad donde vive la deje ser.
Estas necesidades y acciones a lo largo de los años, la conduce a un conflicto doloroso con las personas, situaciones, formas aceptables de pensar, sentir y de comportamiento, hasta que una se encuentra en un estado de guerra constante con todo su entorno y generalmente con una misma.  Puede ser que no esté totalmente consciente de las implicaciones políticas de lo que para ella empezó como una necesidad personal, pero en otro plano, no fue capaz de aceptar las limitaciones y la opresión impuesta por el papel más básico de su sociedad – el papel de la mujer. La confusión que ella siente, tiende a inducir una culpa proporcional al grado en que ella siente no estar de acuerdo con las
expectativas sociales y/o eventualmente la lleva a cuestionar el análisis de lo que el resto de su sociedad mas o menos acepta. Ella es forzada a desarrollar su própio patrón de vida, muchas veces viviendo gran parte de su vida sola, aprendiendo generalmente más temprano que sus hermanas  heterosexuales sobre la soledad esencial de la vida (que el mito del casamiento esconde) así como sobre la realidad de las ilusiones.

Mientras no consiga expulsar la pesada socialización que esta implicado en el ser mujer, nunca logrará estar en paz consigo misma. Encontrándose entre la aceptación de la visión que la sociedad tiene de ella – siendo que en este caso, no se acepta a si misma – y la lectura que la sociedad sexista creo de ella siendo funcional y necesaria para que acate ésta visión impuesta. Las que entre nosotras reflexionamos y sacamos conclusiones sobre eso, nos encontrámos del otro lado de un largo y tortuoso viaje através de la noche que pudo haber sido durante décadas. La perspectiva que se gana  de esta viaje, la liberación interior de nuestro ser, la paz amor real por nosotras mismas y por todas
las mujeres, es algo a ser compartido con todas las mujeres – porque somos todas mujeres.

Es necesário que sea comprendido que, en primer lugar, el lesbianismo, tal cual la homosexualidad masculina, es una categoria de comportamiento solamente posible en una sociedad sexista, caracterizada por papeles sexuales rígidos y dominada por la supremacia del hombre. Estos roles sexuales deshumanizan a la mujer, definiendonos como una casta de apoyo/servicio en relación a la clase dominante de los hombres y vuelve a los hombres incapaces emocionales al exigírles que sean alienados de sus propios cuerpos y emociones de modo a ejecutar eficientemente sus funciones económicas/políticas/militares. La homosexualidad es un producto secundario de una forma particular de definir los papeles (o patrones aporbados de comportamiento) como base en un sexo; y como tal es una categoria inauténtica (que no está de acuerdo con la “realidad”). En una sociedad en la que los hombres no oprimieran a las mujeres, y en la que fuera permitida la expresión sexual seguida de los sentimientos, las categorias homosexualidad y heterosexualidad iban a desaparecer.

Aun así el lesbianismo es diferente de la homosexualidad masculina y tiene una función diferente en la sociedad. “Torta” es una forma degradante diferente de “Maricón” aunque ambos impliquen que no se está actuando de acuerdo con el papel sexual socialmente atribuído – o sea, que no se es una “verdadera mujer” o un “verdadero hombre”. La admiración envidiosa que se siente por la marimacho y el sentimiento de mal-estar que se siente por el hombre afeminado apuntan a lo mismo: el desprecio con lo que son miradas las mujeres – o aquellos que desempeñan el rol femenino. Y la embestida hecha para mantener a las mujeres en este papel despreciable es muy grande. Lesbiana es la palabra, la etiqueta, la condición que mantiene a las mujeres en la línea. Cuando una mujer escucha esta palabra asociada a ella, sabe que ésta la va a poner en riesgo. Sabe que ha cruzado la terrible frontera de su papel sexual. Retrocede, protesta, reformula sus acciones para recibir aprobación.
Lesbiana es una etiqueta creada por el hombre para tirar a cualquier mujer que quiera ser su igual, que tenga la osadía de desafiar las prerrogativas de los hombres (incluso las prerrogativas de todas las mujeres que sean usadas como moneda de intercámbio entre los hombres), que tienen la osadía de
afirmar la primacia de sus propias necesidades. Tener esta etiqueta aplicada a las personas que están activas en el movimento de liberación de las mujeres, es solamente el episodio más reciente de una larga historia; las mujeres mayores recordarán que no hacía mucho tiempo cualquier mujer independiente que tuviera éxito y que no orientara toda su vida en torno a un hombre escucharia ésta palabra. Porque en ésta sociedad sexista, ser independiente para una mujer significa que ésta no puede ser una mujer, tiene que ser torta si lo es. Esto evidencia que las mujeres no se encuentran al mismo nivel que el hombre. Esta diciendo que mujer y persona son términos contradictórios. Porque
una lesbiana no es considerada una “verdadera mujer”. Y aun así, en el pensamiento popular, existe solamente una diferencia escencial entre una lesbiana y otras mujeres: la orientación sexual – o sea, después de romper el molde, deberemos por fin comprender que la esencia de ser “mujer” es la de
ser odiada por el hombre.
“Lesbiana” es una de las categorias sexuales en las cuales los hombres dividiran la humanidad. Mientras todas las mujeres sean deshumanizadas en cuanto tomadas como objetos sexuales, siendo objetos de los hombres les son oferecidas algunas compensaciones: identificación con su poder, con
su ego, con su status, con su protección (de los otros hombres), sentirse como una “mujer verdadera”, encontrar una aceptación social al adherir a su rol, etc. Si una mujer se confronta con ella misma al confrontar a otra mujer, existirán menos racionalizaciones y menos tampones para evitar el horror total de la condición deshumanizada. Aqui encontramos el miedo intraspasable de muchas mujeres en relación a explorar relaciones íntimas con otras mujeres: el miedo de ser usada como objeto sexual por otra mujer, que no solamente no les dará las compensaciones relacionadas a los hombres, pero que también revelará el vacío que es verdaderamente la situación real de la mujer. Esta
deshumanización es expresada cuando una mujer heterosexual descubre que su hermana es lesbiana; ella empieza a relacionarse con su hermana lesbiana como siendo un potencial objeto sexual, atribuyendole el papel substituto del hombre a la lesbiana.
El hecho de que ella puede volverse en un objeto cuando en una relación está potencialmente envuelto el sexo, revela su condicionamiento heterosexual y niega a la lesbiana toda su humanidad. Para las mujeres, especialmente aquellas en el movimiento, percibir a sus hermanas lesbianas por medio de éstas definiciónes de los papeles, es aceptar este condicionamiento cultural masculino y oprimir a sus hermanas tal como ellas mismas son oprimidas por los hombres. ¿Vamos a continuar con el sistema de clasificación de los hombres, de definir a todas las mujeres en relación sexual a alguna otra categoria de personas? Fijar la etiqueta de lesbiana no solamente a una mujer que aspira a ser una persona, sino también a cualquier situación de verdadero amor, verdadera solidaridad, verdadera primacía entre mujeres, es una forma principal de división entre las mujeres dentro de los límites del rol fenenino y es el termino que desacredita/asusta a las mujeres y que nos impide formar
cualquier vinculo, grupos o asociaciones entre nosotras mismas.

Las mujeres en el movimiento han hecho en la mayoria de los casos grandes esfuerzos para evitar discusiones y confrontaciones sobre la cuestión del lesbianismo. Eso pone a las personas nerviosas. Ellas se vuelven hostiles, evasivas, o intentan incorporar el tema en un “tema mas general”. Prefieren
no hablar sobre el tema. Si lo tienen que hacer, intentan impedir que se continue por ser un falso problema. Pero no es una cuestión secundaria. Es absolutamente esencial para el éxito y para alcanzar los objetivos del movimiento de liberación de las mujeres que se hagan cargo de esa cuestión.
Mientras la etiqueta de “torta” pueda ser usada para asustar a las mujeres para que éstas se vuelvan menos militantes, se mantengan alejadas de sus hermanas, para alejárlas de dar la primacía a todo lo que no sean los hombres y la família – entonces de este modo ellas son controladas por la cultura de
los hombres. Hasta que las mujeres no logren ver una en las otras la posibilidad de un compromiso primordial que incluya el amor sexual, estarán negandose el amor y el valor que dan inmediatamente a los hombres, afirmando de ésta manera su estatuto de segunda clase. Mientras que lo más importante sea la
aceptación por los hombres – sea para las mujeres individuales como para el movimiento como un todo – el término lesbiana será usado de manera eficaz en contra de las mujeres. Mientras las mujeres quieran solamente más privilégios adentro del sistema no van a querer antagonizar el poder de los hombres. En vez de esto procuran una aceptación de la libertación de las mujeres y el aspecto más crucial de esta aceptación es negar al lesbianismo – es decir, negar cualquier desafio fundamental a la base del rol de la mujer. Deberá igualmente ser dicho que algunas mujeres más jovenes y más
radicales comenzaran a discutir el lesbianismo con honestidad, pero que hasta ahora fue solamente como una “alternativa” sexual a los hombres. Entretanto esto es todavía dar primacía a los hombres, sea porque la idea de relacionarse más completamente con las mujeres ocurre como una reacción negativa a los hombres, como porque la relación lésbica sea caracterizada solamente por el sexo, lo que es divisionista y sexista. En un plan que es tanto personal como político, las mujeres pueden retirar energías emocional y sexual de los hombres y desarollar diversas alternativas en sus vidas para destinar esas energías. En otro plan político/psicológico, ha de ser comprendido que lo crucial es que las mujeres empiecen a desengancharse de los modelos de respuesta definidos por los hombres. En la privacidad de nuestras propias psiques, debemos romper esos cordones hasta su nucleo. Porque independentenente de para donde fluyan nuestro amor y energías sexuales, si en nuestras cabezas nos identificamos con los hombres, no podenos realizar nuestra autonomía como seres humanos.

Pero por qué las mujeres se relacionan con y por medio de los hombres? Por el hecho de que hemos sido educadas en una sociedad de hombres, internalizamos la definición que la cultura de los hombres nos dá de nosotras. Esa definición nos ve como seres relativos que existen no para nosotras pero sí
para el servício, manutención y confort de los hombres. Esa definición nos confina en funciones sexuales y de família y excluyendonos de definir y elaborar los términos de nuestras vidas. En cambio de nuestros servícios psíquicos y de la ejecución de funciones no lucrativas, el hombre nos dá
solamente una cosa: el estado de esclava que nos vuelve legítima a los ojos de la sociedad en que vivimos. A esto damos el nombre en el concepto cultural de “feminidad” o “ser una mujer verdadera”. Somos auténticas, legítimas, reales mientras seamos propiedad de algun hombre cuyo nombre usemos. Ser una mujer que no pertenece a cualquier hombre es ser invisible, cualquiera, inauténtica, irreal. Él confirma desde su imagen de nosotras – de aquella que tenenos que ser para ser aceptada por él – pero no de nuestros verdaderos seres. Él confirma nuestro estatuto de mujer – tal como él lo define, en relación a él- pero no puede confirmar nuestro estatuto de persona, nuestros seres como tal. Mientras estemos dependientes de la cultura de los hombres, para su aprobación, no podremos ser libres.

La consecuencia de internalizar este rol es un gran cúmulo interno de auto-odio. Esto no corresponde a decir que este auto-odio es reconocido o aceptado como tal; sin embargo muchas mujeres van a negarlo. Pueden haber experimentado una incomodidad con su rol, sentimiento de vacío, entorpecimiento, inquietud, una ansiedad paralizante. Alternativamente, puede ser expresado por medio de una gran defensa de la gloria y destino de su rol. Pero este auto-odio existe, muchas veces en el inconsciente, envenenando su existéncia, manteniendola alienada de ella misma, de sus necesidades y volviendóla extraña a las demás mujeres. Las mujeres se odian unas a las otras.
Intentan escapar de eso al identificarse con su opresor, viviendo por medio de él, ganando status e identidad por medio de su ego, del poder de sus hechos. Y por medio de una no identificación con otros ‘recipientes vacíos’ como ellas mismas, las mujeres resisten relacionandóse a todos los niveles con otras mujeres que irán a reflejar su propia opresión, o su estado secundario y su propio auto-odio.
Pues confrontar a otra mujer es finalmente confrontar su própio ser – el ser que ha intentado tan dificilmente evitar. Y en ese espejo sabemos que no podemos verdadera mente respetar y amar a aquella en la cual nos tornamos.
Una vez que la fuente de auto-odio y falta de verdadero ser tiene orígen en la identidad que nos es dada por los hombres, debemos crear un nuevo sentido de ser. Mientras nos agarramos a la idea de “ser una mujer”, sentirenos algun conflicto con ese ser incipiente, ese sentido de yo, ese sentido de persona total. Es muy difícil comprender y aceptar que ser “femenina” y ser una persona en su totalidad, son inconciliables. Solamente las mujeres pueden dar unas a las otras un nuevo sentido de ser. Esa identidad tiene que ser desarrollada teniendo por referencia a nosotras y no a los hombres.

Esta consciéncia es la fuerza revolucionária por medio de la cual todo lo restante saldrá, porque nuestra revolución es orgánica. Para eso debemos apoyarnos y estar disponibles unas para las otras, dar nuestro amor y compromiso, dar el soporte emocional necesario para mantener ese movimiento. Nuestras energías deben fluir en la dirección de nuestras hermanas y no en la dirección de nuestros opresores. Mientras la liberación de las mujeres intenta liberar a las mujeres sin encarar a la estructura básica heterosexual que nos prende en una relación de uno a uno con nuestros propios opresores, energías tremendas continuarán fluyendo en la dirección intentando consertar cada relación particular con un hombre, como conseguir tener mejor sexo, como cambiar su pensamiento – para intentar hacer de él un “nuevo hombre”, en la ilusión de que ésto nos permitirá ser una “mujer nueva”. Eso muy probablemente divida nuestras energías y compromisos, dejandónos incapaces de comprometernos con la construcción de nuevos modelos que nos liberarán.

Es la primacía de las mujeres relacionarse con otras mujeres, que las mujeres creen una nueva consciéncia de ellas unas con las otras, que está en el centro de la liberación de las mujeres, que es la base para la revolución cultural. Juntas debemos encontrar, reforzar y validar nuestros seres auténticos. Cuando lo hacemos confirmamos unas con las otras nuestro sentido incipiente de orgullo y fuerza, las barreras de la división comienzan a desaparecer, y sentimos este sentimiento cresciente de solidaridad con nuestras hermanas. Viendonos como princípio, encontramos nuestros centros dentro de nosotras mismas. Miramos retroceder el sentimiento de alienación, de ser colocadas a
parte, de estar por detrás de una ventana cerrada, de ser incapaz de hacer salir lo que nosotras sabemos que esta adentro. Sentimos una autenticidad, sentimos finalmente que estamos de acuerdo con nosotras mismas. Adentro de este ser real, con esa consciéncia, comenzamos una revolución para acabar con la imposición de todas las identificaciones coercitivas y para alcanzar el máximo de autonomía en la expresión humana.

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